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TáCTICAS

TáCTICAS. Bicicleta carretera


ETAPAS DE ALTA MONTAñA

Prácticamente vale lo dicho en el apartado de las etapas de montaña, aunque al ser la exigencia mayor, porque las subidas y, no hay que olvidar las bajadas, son más largas y las diferencias entre los corredores es más palpable (tanto en corredores, como en equipos).

El mandar hombres por delante para preparar futuros ataques, o bien estar cerca del líder, u otras eventualidades para tener arropado al 'jefe', es una táctica muy común. Como siempre, decirlo es muy fácil, pues casi todos los equipos piensan lo mismo, pero hacer realidad un planteamiento anterior es casi un sueño. Un ejemplo de ello podría ser mi primera victoria de etapa del Tour de Francia en 1985.

"No fue un año donde yo hubiese andado muy fino, un fuerte catarro en las primeras etapas de montaña en los Alpes, me dejó bastante mal parado en la General y mi objetivo primordial era luchar por una victoria de etapa. Y tenía una entre ceja y ceja, era la 17ª, con llegada en montaña. Posiblemente la etapa reina de ese Tour con 215 kms, el Aspin, el Tourmalet y final, en Luz Ardiden.

Ascensión de Luz Ardiden. En el hotel planificamos que mi compañero, José del Ramo, estaría atento de salida, por si surgía una escapada, sino fuera así, sería él quien atacaría antes o durante la ascensión del Aspin. Más tarde, le tocaría a Peio Ruiz Cabestany, en el descenso del mismo puerto. Del Ramo, esperaría a Peio en la bajada y lo llevaría a rueda hasta el pie del Tourmalet. Peio trataría de aguantar la subida con la ventaja adquirida anteriormente, y yo, en última instancia, saltaría del grupo en la parte final del Tourmalet. Cabestany me esperaría en la bajada, para ir a rueda de él, hasta el mismo pie del último puerto y Meta en Luz Ardiden. Esto lo planificamos así y tuvimos la gran suerte de que las cosas nos salieron perfectamente, eso si con algún sobresalto que otro.

Porque durante la ascensión del Tourmalet, los colombianos (fueron los años dorados del ciclismo colombiano) pusieron un ritmo muy fuerte y quedó muy seleccionado el pelotón. Pero a la altura de la Mongie, parecía que se les había acabado el "gas" y después de unas escaramuzas, aproveche para sorprenderles y marcharme en busca de Peio. Todo estaba saliendo perfectamente pero había otros que también querían ganar ese día y además estaban en racha, los colombianos.

Mi ventaja nunca fue muy grande y nada mas comenzar la subida de Luz Ardiden, escucho por medio de Radio Tour, que Lucho Herrera atacó nada más empezar el puerto, pasando de 1' 30", a 30 segundos en cosa de 2 kms. Quedaban aún 10 kms hasta la Meta. Pensaba que me iba a pasar como una "moto" y que ni le iba a ver adelantarme, por la niebla de ese día. Afortunadamente se quedó asfixiado enseguida y le pude mantener la distancia en esos últimos kilómetros. Aunque eso si, con la angustia de ser atrapado en cualquier momento durante la ascensión. Finalmente logré la victoria con 25" sobre Herrera y me valió colocarme el 6º en la General sobre Hinault, clasificación con que terminé."


Si bien es verdad que la táctica salió de libro, creo que es la única vez que me ocurrió así. Cuando eres el más fuerte parece que todo es más fácil, pero desafortunadamente no siempre te sientes así, comienzas a tener tus dudas y sobre la marcha tienes que ir planteándote la carrera. Tanteando las fuerzas de los demás y poder sacar conclusiones: atacar o mantenerte a la expectativa. En estas circunstancias, siempre me viene a la cabeza el día que conseguí el maillot amarillo en Alpe D'Huez en el Tour de 1988.

Una "pasada" de etapa con 227 km. Dos puertos de 2ª categoría de salida, después La Madeleine, acto seguido el Glandon y Meta en Alpe D'Huez. Las fuerzas había que dosificarlas muy bien para poder terminar la etapa con opciones. Después de una salida relámpago durante 60 km, en busca de escapadas (que no dio a nadie el fruto deseado), la carrera se tranquiliza.

Llegamos a pie de La Madeleine, con gran sensación de fatiga a causa de la salida tan rápida y fue ver el cartelito que indicaba el comienzo del puerto, con sus 28 Km. de subida, todo el pelotón fue una exclamación de protesta y tomando todo el mundo conciencia de que había que regular muy bien las fuerzas para llegar al hotel.

Mi compañero de equipo Arroyo, "quería echar unas abispillas" en la subida, le tuve que tranquilizar, el equipo estaba respondiendo muy bien y antes de utilizar a un escalador como ángel, quería tranquilizar la carrera (quedaba mas de 100 Km.) sorpresa y plantear la batalla en el descenso del puerto, a cargo de Miguel Indurain, seguido del mayor número de corredores del equipo. Así nos fuimos pasando la información de tranquilidad en el ascenso, pero que, nada mas comenzar el descenso (tiene 20 km.) Miguel se pondría como una moto, en busca de que el pelotón se cortase y el equipo estuviese bien colocado, para afrontar el avituallamiento que estaba abajo y justo a pie del Glandon.

(Una etapa tan larga el avituallarse es básico y más por aquel entonces, donde estaba prohibido el avituallamiento sólido desde el coche y sólo se podía coger la comida en las zonas marcadas.)

A lo que íbamos, el zafarrancho de combate que se preparó fue impresionante, porque no se paró, hasta después de un par de kilómetros de ascensión (a la inmensa mayoría de la gente le pillamos por sorpresa). Poco después seguimos marcando un ritmo de ascensión más cómodo, para no desperdiciar el buen trabajo realizado. Kilómetros más tarde, a falta de 2 Km. a la cima, fui yo quien ataqué, acompañándome Rooks, en una aventura hasta la Meta en Alpe d'Huez, donde a falta de un par de kilómetros nos cogió Parra y Theunisse. No gané la etapa, pero me puse de líder y lo más importante eliminé a la mayoría de los favoritos.


La sorpresa en toda táctica es básica, basta que todo el mundo este esperando los ataques en un lugar determinado como para no hacerlo y realizarlo en otro. Así ha sucedido en numerosas ocasiones con los "grandes" y como lo hicieron en lugares más inesperados como son muchas veces los descensos de los puertos y aquí son muy numerosos los ejemplos.

Ataques en descenso: Hinault junto con Lemond en el Tour'86 en la bajada del Galibier, donde se marcharon los dos en solitario y se vivio una de esas imágenes históricas del ciclismo entrando a meta en Alpe d'Huez agarrados de las manos y en alto.

Miguel también hizo lo propio en su primer Tour ('91) en el descenso del Tourmalet, junto a Chiapucci, donde el golpe de gracia a la carrera.

Parece que sólo se puede atacar subiendo si eres el más fuerte o bajando para dar sustos, pero siendo este el terreno donde es más factible, no hay que olvidar que en la carrera hay otros sitios y simplemente debes de planificarlo con anterioridad y aprovecharlo al máximo. Un ejemplo que viví en directo fue en el Tour de 1986.

Hinault quería ser el primer corredor de la historia en ganar 6 Tour y no con la calculadora, sino a lo grande, como siempre le ha gustado hacer las cosas.

Primera etapa de montaña de esa edición, salida en Bayona??? y llegada a Pau. Del último puerto (Marie Blanche) a Meta quedan 65 Km., demasiada distancia en un terreno llano para aventurarse en una escapada en solitario y todos pensamos al salir que sería una etapa de selección, pero sin gran trascendencia para los favoritos.

Subiendo el col de La Marie Blanche Hinault indica a su compañero Jean François Bernard atacar nada mas terminar el sprint de una meta volante (a 20 Km. del Marie Blanche). Percatándome de la maniobra, no me lo pensé dos veces y me fui junto a ellos. A partir de entonces, fue Jean François quien llevó el peso de la escapada, hasta las primeras rampas del col de Marie Blanque, donde nos quedamos solos Hinault y yo. Aunque me encontraba muy bien, decidí quedarme con él en la ascensión. Hoy pienso que fue un acierto, porque con piñón de trece dientes, el más pequeño (entonces había 7 coronas y en las etapas de montaña teníamos que sacrificar desarrollos para el llano para las duras pendientes de los puertos), ese día no habría llegado nunca solo, ante la potencia y capacidad rodadora de Hinault y con un piñón de doce dientes, me habría cogido sin problemas. Así juntos, nos presentamos a Pau, donde Bernard no disputó el sprint final, logrando así mi segunda victoria en el Tour de Francia. Agradeciéndome así, mi colaboración en la escapada, posiblemente a él le bastaba con alejar más aun a sus rivales más directos. Mete 4' 37" a LeMond y 11' 02" a Fignon. Me coloco 4º a 6' 57".

Ese año posiblemente Hinault no ganó el Tour porque la etapa siguiente con final en Superbagneres y como líder, ataca de nuevo en el descenso del Tourmalet, quería ganar su 6º Tour por todo lo alto, Lemond (compañero de equipo en el Toshiba) se mosquea y tira de vez en cuando del grupo en su persecución, durante los puertos de Aspin y Perysourde. Al final, en la última ascensión a Superbagneres, Bernard Hinault se coge una pájara monumental (yo llegue casi como él, medio-medio) y pierde toda la ventaja que tuvo como escapado (llevo hasta 4') y cede 4' 39" a favor de LeMond, curiosamente la misma diferencia que el día anterior, pero en su contra. A partir de ese día el americano no le perdió de vista, marchando en muchas ocasiones a rueda al francés.


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El cómo se pedalea en alta montaña no se diferencia mucho del apartado anterior, dependes más del fondo físico y tus cualidades. En la primera parte de los grandes puertos la cadencia de pedaleo de todos los corredores (favoritos como modestos) es más alegre, no se abusa del desarrollo, siempre con piñones grandes y a ritmo, con la finalidad de ir encontrándose con sus sensaciones y no gastar fuerzas alegremente. Este ritmo, en un principio parece cómodo, pero poco a poco te das cuenta que te va desgastando y comienzan los problemas. No encuentras el desarrollo adecuado y comienzas a cambiar mucho, piñones para arriba, piñones para abajo, hasta que te vas quedando descolgado, sin tal vez haberse producido ningún ataque.

Poco a poco se van haciendo esos pequeños grupos de corredores (o "vagones") de entre los elegidos a los sufridores. En estas etapas hay que tener especial atención al fuera de control que te puede dejar fuera de la carrera, para ello es bueno agruparse varios corredores para ir colaborando en evitar ese peligro y minimizar la pérdida de tiempo en la Meta.

Todo lo que sea abusar de desarrollo, como no seas un elegido te hará pasará factura. Si en cambio, las piernas van respondiendo eres tu mismo quien debe marcarse la cadencia y será el momento de pasar a la ofensiva.

¿Desarrollos? Debes tener referencias de otros corredores o si tienes la suerte de haber supervisado los puertos, siempre te será de gran ayuda.

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